Casi todo el mundo que tiene una fobia sabe, con la cabeza, que el miedo es desproporcionado. Sabe que la araña es pequeña, que el ascensor no lo va a dejar encerrado, que es muy poco probable que el avión se caiga. Saberlo no cambia nada. El miedo se dispara igual, al instante, con fuerza y fuera del alcance de la razón.
Y es que una fobia no vive en la mente racional. Vive más adentro, en la parte del cerebro que se ocupa de detectar amenazas y de las respuestas de supervivencia. Cuando esa parte ha aprendido a tratar algo como peligroso, muchas veces por una única experiencia de susto o por una asociación que se fue formando poco a poco, reacciona sola, antes de que el pensamiento consciente pueda intervenir.
Repetirte que el miedo es irracional puede no bastar para cambiar una respuesta automática. La hipnoterapia puede ayudarte a practicar la calma y a acercarte al desencadenante de otra manera, en pasos llevaderos y acordados contigo.